viernes, 20 de diciembre de 2013

DOS MESES QUE HAN DADO PARA MUCHO.


Casi dos meses sin escribir. Y dos meses intensos, ¿eh? Que no ha sido por apatía o por desgana, sino por falta de tiempo. Múltiples actividades nos acechan a la vuelta de cada esquina y ahí estamos el padre de la artista, la susodicha y una servidora, que nos apuntamos a todas. Ni una nos dejamos.

Tentada estuve de escribir sobre alguna de aquellas. Y es que nos ha dado tiempo a muchas y muy interesantes actividades. Hemos celebrado "Acción de Gracias" en Elda, pasando más frío que si estuviéramos celebrándolo en el estado de Wyoming, pero degustando una de las cenas más exquisitas que he probado nunca y en compañía de una gente estupenda. También nos ha dado tiempo de que la pequeña artista acudiera al primer concierto de su vida, en compañía de la santa abuela. Y digo bien, SANTA abuela con mayúsculas, porque aguantar a Violetta durante más de cinco minutos es para beatificación inmediata. A lo mejor me arrepiento y cuando dentro de unos años le empiecen a gustar grupos cuyo nombre me sea casi imposible de pronunciar, igual recuerdo con cariño las melodías de esa niña con estilismos indescriptibles, que mi hija ya trata de imitar. Ya veremos.

 
También me hubiera gustado hacer una pequeña entrada sobre el montaje del Belén. Ese momento tradicional, ese Nacimiento con sus respectivos pastorcillos, lavanderas, animalillos etc. se ha convertido en nuestra casa en una Rave Party de lo más variopinta. Animales comunes y otros no tanto, se lo pasan de escándalo con un par de barbies y un oso vestido de Papá Noel con espumillón rodeándole el cuello al más puro estilo los últimos que quedan en una cena de empresa, dándolo todo en la pista de baile. A falta de estrella luminosa que guíe a los Reyes Magos, en nuestro Nacimiento se nos ha colado un imán de los que traemos de nuestras escapadas. Con forma de estrella, eso sí. Una estrella del paseo de la fama de Hollywood, acompaña este año al pequeño niño recién nacido en un "portal" (por llamarlo de alguna manera). 


En fin, que no venía yo a hablar de nada de esto, sino de la escapada tan estupenda que nos hemos pegado y de lo maravillosamente bien que sientan cuatro días de turisteo absoluto en una ciudad tan interesante como Bruselas. Lo que empezó siendo un regalo para los abuelos, para que pasaran unos días de relax y disfrutaran de la magia de los días previos a la Navidad en una ciudad europea, terminó siendo una escapada en jauría, que es lo que parecemos. Y es que no sabemos vivir los unos sin los otros. Es así, qué le vamos a hacer. Así que preparamos todo y allá que nos fuimos, abrigados como si nos fuéramos a Elda de nuevo, preparados para disfrutar de los mercadillos navideños, del vino caliente, de los macarons y los gofres, de Brujas y sus canales, de la Gran Plaza, del chocolate, de las cervezas y los mejillones, del niño meón y un larguísimo etcétera. Una ciudad que, si por algo nos ha sorprendido, es por la simpatía y amabilidad de sus gentes. Una ciudad para volver y para disfrutar desde los mil puntos de vista que ofrece, con una agenda cultural envidiable. 


Así que, como nos ha gustado esta escapada familiar, a partir de este año vamos a hacer lo posible por ahorrar un poquito durante los meses que restan hasta el próximo diciembre y escaparnos a algún otro lugar para disfrutar de unos días llenos de magia, ¿alguna sugerencia?


miércoles, 23 de octubre de 2013

"MARSHMALLOW EXPERIMENT" (o cómo putear, con perdón, a un ser humano desde su más tierna infancia).

Año 1972. Universidad de Stanford. Un grupo de investigadores estudia la gratificación diferida (mira que me hace gracia esa palabra, que me recuerda a Cospedal con el "diferido" por aquí, "diferido" por allá... aunque este es otro tema).

Para el estudio, se valen de niños a los que sientan en una mesa frente a un marshmallow (aquí en España, una nube de golosina de toda la vida), en una habitación en la que no existe ninguna otra cosa que pueda llamar su atención. La persona que lleva allí al niño le comenta que tiene que marcharse en ese momento y que le va a dejar allí sólo frente a la apetecible golosina. Le dice que puede comérsela tranquilamente, aunque le explica que si espera a que vuelva, podrá comerse dos golosinas. La que tiene frente a él y otra más. ¡Un premio!

El estudió concluyó de la siguiente manera: sólo una tercera parte de los niños aguantó sin zamparse la golosina y se llevó su premio. De esos niños, la mayoría obtuvieron mejores resultados y éxitos considerables en sus carreras académicas, pasados 10 años desde que se llevara a cabo el experimento.

Sin querer entrar en el apasionante y enrevesado mundo de la psicología y las teorías conductistas, tras leer brevemente sobre el experimento, la conclusión que saco es que me parece una putada de estudio, la verdad. Pienso en lo que hubiera pasado si yo hubiera formado parte del grupo de estudio. Por supuesto, yo hubiera sido de las que me hubiera llevado el premio. Seguro. Pero no por mi esfuerzo o autocontrol, sino porque era prudente hasta dar asquete y no se me ocurría coger absolutamente nada que no fuera mío sin pedir permiso a mi santa madre. Mucho menos se me hubiera ocurrido comérmelo.

Pero, ayyy madre mía si me pilla ahora... Que me pongan delante un suculento manjar y me digan que se van y que me lo puedo comer tranquila... ¡no oigo más! ¿¡Qué premio ni premio!? Suficiente premio sería disfrutar de una comida tranquilamente, en una habitación sin distracciones y sola. Y es que cuando se es madre, por mucho que se quiera y se viva por y para esas criaturas... ¡qué placer es estar sola algunos ratitos! ¡Y sin escuchar nada! El silencio está poco valorado y, en ocasiones, disfrutarlo es tan necesario como comer o dormir. Sin un "maaaammmmiiiiiiiiii" taladrándonos el tímpano. Un placer.

Sin embargo, sin creer en que comerse o no la golosina en un momento determinado pueda ser indicativo de si se va a tener éxito o no en un futuro, el experimento me parece divertido, así que me voy a por unas golosinas que hoy voy a ver si mi artista aguanta y se lleva el premio o le puede el ansia. Todo puede pasar, porque esta hija mía es una sorpresa detrás de otra. En otro post, las conclusiones de mi experimento.





martes, 8 de octubre de 2013

¡¡A cocinar se ha dicho!!


En los tiempos que corren no está bien perder clientes. Bueno, ni estos tiempos ni en ningún otro, bien sea pasado o futuro, pero especialmente cuando se mira con lupa en qué se deja uno la pasta que tanto cuesta ganar, es importante cuidar a esas personas que han decidido gastársela en cualquiera de los servicios que se ofrecen. La experiencia de tener negocio propio, ayuda a ver este tema con una perspectiva mucho más clara.

Pero hoy no hablo de mi experiencia como empresaria, porque además no lo soy. Trabajo en la empresa familiar, pero como emprendedora mi experiencia por el momento es nula. Sigo aprendiendo de aquellos con los que trabajo, para decidir si algún día me lanzo o no hacia mi propia aventura empresarial. Pero ese es otro tema.

Esta semana tenía pensado hacer una entrada sobre el regalo que hicimos a nuestra pequeña en su cuarto cumpleaños. Este año, teniendo ya una mujercita en casa que interactúa un montón con nosotros y  a la que le encanta aprender cosas nuevas y se entusiasma con cada una de las ideas que le proponemos, teníamos que hacerle un regalo especial. Juguetes tiene mogollón y termina jugando con cualquier otra cosa, como me parece que hacen la gran mayoría de los niños.

Muchos fines de semana, aprovechando que el padre de la criatura es un verdadero artista en la cocina, se enfundan sendos delantales padre e hija y se pasan largo rato inventando y probando recetas con las que fastidiarme la "operación bikini", que he dado por perdida sin solución. Por ello, pensamos en regalarle un "Curso de Cocina para Padres e Hijos" que ofrecían en una tienda-escuela que ya conocíamos y que tenía muy buena pinta. Se trataba de una actividad que a ambos les encanta y que podían hacer juntos. Era, en un principio, una idea fantástica.


 Pero se estropeó. La organización del curso fue de todo menos organizada: empezó tarde; se alargó mucho más de lo que debía, impidiendo a mis chicos terminar de realizar todas las recetas, pues tuvieron que irse antes de que finalizara; no motivaron a los pequeños para que metieran las manos en la masa y se implicaran en la realización de las diferentes recetas, etc. Cuando me explicaron cómo se había desarrollado el curso, me dio muchísima rabia, pues no era precisamente barato y se trataba de un regalo para nuestra pequeña, que no había podido disfrutar como nosotros pensamos que debía haberlo hecho. La situación me llevó a escribirles un mail, quejándome por lo ocurrido.

No sé por qué, esperaba que me contestaran con un escueto mail, con una breve disculpa y alguna que otra excusa. Sin embargo, esta mañana he recibido una atentísima llamada por parte de la encargada de los cursos, exponiéndome las razones de la desorganización del curso, pidiéndome disculpas e invitándonos a participar con nuestra hija en cualquiera de los otros cursos que se van a llevar a cabo en la escuela. Me he llevado una grata sorpresa. Y espero poder probar cualquiera de los otros cursos que ofrecen, porque estoy segura que me quitará el mar sabor de boca que me ha quedado después de éste.

Esta entrada no es como me esperaba que iba a ser. No incluyo fotos de los logros gastronómicos de mi pequeña chef, pero pronto repetiremos y esta vez sí, esta vez incluiré fotos y recetas. No se me va a estropear sólo a mí la "operación bikini".

lunes, 7 de octubre de 2013

APRETADA AGENDA LA DE OCTUBRE

Y yo pensaba que septiembre era un mes de cambios; con cambios importantes, con carreras de una lado a otro, con una vida social propia apartada un poco en pos de la buena marcha de la vida familiar... ¡qué ilusa!

Octubre sí que mola, pero de verdad de la buena. Es cuando ha llegado este mes cuando de verdad me he dado cuenta de que, por lo menos hasta las vacaciones de Navidad, tengo la agenda ocupada. Y es que ¡no nos aburrimos oiga! Eso que cuando se inició el curso, me informé acerca de lo conveniente o no de las actividades extraescolares, del tiempo que se debe dedicar a ellas, del beneficio o no de determinadas actividades, etc. A mí, como siempre, que me pille bien informada.

Según la mayoría de las recomendaciones, lo suyo es que los niños no sufran un exceso de horas de actividades extraescolares, que tengan tiempo para jugar en casa, en el parque, leer, disfrazarse (una actividad que mi artista adora por encima de los sándwiches de nocilla) y otras muchas cosas que ahora mismo he olvidado, porque no las tengo apuntadas en la agenda. 

Por supuesto, me parecen muy lógicos los argumentos a favor de no superar un máximo de horas de dichas actividades pero, ¡¿qué hago?! Es que a mi hija todo le viene bien y va entusiasmada a cada una de sus ellas. Al final hemos acordado: ballet, piscina y predeporte, con un día de descanso a la semana (además del domingo , que es el día que me toca descansar a mi). Actividades que hay que sumar a la vida social tan apasionante que tienen los niños y niñas de cuatro años. Que con lo que voy a decir a continuación, voy a parecer mi abuela pero "esto en mis tiempos no era así". Había vida social, sí, no lo dudo pero... ¿tanta? No lo creo.

Día entero en la oficina y tardes de: cumpleaños, merendolas, ballet, talleres, parque aprovechando que todavía hace bueno, predeporte, sábado piscinero... y ¿cuándo hago la compra? ¡Ah! puedo acercarme al super, corriendo como alma que lleva el diablo, en los tres cuartos de hora que dura alguna de sus actividades. El caso es saber organizarse y comprarse una buena agenda, en la que quepa tooooodo lo que hay que hacer. Que yo siempre he sido de listas y de agendas y a estas alturas ya no lo voy a cambiar.


 Releo este post antes de publicarlo y pienso... ¿Cómo lo haría mi madre? Ella encima tenía dos churumbelas... Pues imagino que como ahora más o menos, preparando la comida para los ciento y pico que comemos en su casa cada día, cuidando a su nieta toda la tarde, incluyendo viajes de ida y vuelta a alguna de sus actividades, haciendo compra para su casa y para la mía, recordándome las cosas que tengo que hacer y que se me olvidan y un etcétera larguísimo. Sin olvidarnos de los sábados que la artista huye despavorida y feliz de la vida a casa de los abuelos y que aprovechamos el padre de la susodicha y la menda para salir un poquito, que de vez en cuando es hasta sano. Y todo ello sin necesidad de agenda. Definitivamente, espero llegar a tener nietos y sobre todo espero parecerme a mi bendita madre una poquito sólo, aunque tenga que tirar de agenda para llegar a todo.


viernes, 13 de septiembre de 2013

"A mí no me gusta la sopa, pero..."


Desde que nacemos, hay personas que están a nuestro lado siempre. Personas que sin ser quienes nos han concebido, actúan como si lo fueran. Que se alegran de nuestras alegrías, nos acompañan durante nuestras penas, que nos limpian las heridas de las rodillas cuando caemos e incluso nos abroncan cuando nos lo merecemos. Yo tengo la enorme suerte de tener a mi lado, desde que nací, un buen puñado de personas así sin las cuales mi vida, sobre todo mi infancia, hubieran sido radicalmente diferentes.

A mi no me gustaba la sopa, pero... ella conseguía que me la comiera. Nadie me ha lavado el pelo con tanta paciencia y tanto cariño. Ninguna voz suena tan bonita como la suya cuando canta y nadie ha compuesto una canción tan especial como "Bahía Naiara". El día de mi boda estuvo a mi lado, a pesar de TODO. Y el día que dí a luz a mi Naiara, también. Compartiendo conmigo los grandes momentos de mi vida, con la misma alegría. Una alegría que con todo el derecho del mundo hubiera podido dejar a un lado pero que no, que sigue acompañándola siempre.

Y es que mi tía Rosi es una de esas personas de las que hablaba al principio. De las que están en todos los recuerdos de mi infancia. Y de las que estarán en todos los que vengan. También en los de mi hija porque, es aun pequeña y algunos de esos recuerdos se le escaparán, pero nos reiremos igual cuando le cuente la tabarra que nos dio con el dedito y el "Juan Pequeño Baila" que le había enseñado su tía Rosi. Y lloraremos de emoción cuando oigamos su canción, la que le regaló por su primer cumpleaños y que creo que será difícil de superar, por muchos años que cumpla. Una "Lluvia de besos" en la que consiguió que participaran todos.

Yo quiero que mi hija tenga recuerdos así y que un día se dé cuenta de que esas personas que la han cuidado desde que ha nacido, que comparten con ella sus alegrías, sus logros y la ayudan a levantarse cuando tropieza, son casi igual de importantes que sus propios padres. Estoy segura que lo sabrá.
 

"Esta entrada la he hecho porque ya estás "rebuena", porque quería darte las gracias por haberme acompañado cuando tu cuerpo te pedía otra cosa, por querer a mi hija tanto como a mí y por demostrárselo siempre y, sobre todo, porque me apetecía y yo casi siempre hago lo que me da la gana. ¡Un beso enorme tita!"

jueves, 5 de septiembre de 2013

LAS AUTOCARAVANAS NO SON PARA EL VERANO.


No son para el verano, ni mucho menos para las estaciones intermedias y no hablemos ya del invierno. Hay mucha gente que estará totalmente en desacuerdo pero, por lo que a mí respecta, una semana ha sido tiempo suficiente para darme cuenta de que una autocaravana tienes sus pros pero, sobre todo, tiene sus contras. Preparando el viaje, solo leíamos foros de gente "profesional" en lo que respecta a esta forma de viajar, en los que cuentan lo fácil y sencillo que es todo el tema éste de viajar cual caracol, col, col... ¡Ja! Me parto.


Si le preguntamos a mi artista, su opinión es totalmente contraria a la mía, claro... ¡faltaría más! Ella ha viajado feliz. Espacios amplios que ocupar con sus múltiples e indispensables artículos de viaje: sus tres hijos (contando con ellos éramos ocho durmiendo en menos de 20 metros cuadrados), su DVD portátil (con el disco y videoclips de Violetta, que terminamos todos cantando a la perfección), su mochila, sus revistas, sus pinturas, su peluche "ballena rosa" y un largo etcétera que prefiero no recordar. Y como llevas la casa a cuestas, pues un bocadillo de chorizo a media mañana en Las Landas, un pis en Saint-Malo y un zumito en Normandía. Tranquilamente. Y cómodamente, echando las cabezadas necesarias entre destino y destino. Sin ningún problema.

Tres mil cuatrocientos kilómetros en seis días. Y con la casa a cuestas. Visto con la perspectiva con la que lo vemos ahora, unos días después de regresar y de haber sentido las lágrimas brotar al primer contacto con nuestra añorada cama, lo seguimos viendo igual que entonces, una matada de tres pares.

Y es que han sido seis noches. Qué romántico se ve el tema, cuando no estás dentro del habitáculo. Piensas: "Mírales, ¡qué bien! Y mañana se despiertan, desayunan y se van a otro destino precioso, sin hacer y deshacer maletas" ¡Ja! (me parto, otra vez). ¿Te despiertas? Sí, claro, el que haya dormido que se despierte y el que no, pues que vea amanecer, que también tiene su aquel.

Y te vas a otro lugar, sí. Pero no sin antes cerrar las mil llaves que llevan todos los maleteros externos y volver a abrirlos porque algo se nos ha olvidado meter o sacar. Y no nos vamos sin antes vaciar la caravana de aguas grises y negras (por respeto al personal, no voy a dar más datos sobre este tipo de aguas. Si alguien lo ha vivido, sabe de lo que hablo. El que haya tenido la suerte de no tener que experimentarlo, pues mejor que no se imagine nada.).

Luego saca de la maleta la ropa que decides ponerte y vístete, antes de irte. Parece fácil pero, hay que sacar la ropa de una maleta encajonada entre otros múltiples y utilísimos artilugios de viaje que pueblan la caravana y hay que vestirse con el tambaleo de la autocaravana. El mareo... ¡qué gran compañero del autocaravanista! Y es que cuando viajas en coche, llegas al destino cansado, pero te bajas y pisas suelo firme. Listo. En autocaravana, todo lo que haces implica un sentimiento de volteo de estómago constante.

Este mundo del autocaravanismo no está hecho para mí, es así. Y sin embargo, otras cosas de esta semana sí lo han estado.
 

Las inmensas playas de Las Landas, sus olas, el infinito de sus paisajes, los pinares. Los mejillones en Saint-Malo, los macarons de Chef Hector, el viento y los cielos grises. 
 
 
Las guías, los mapas, las indicaciones de la tablet. Las risas y carcajadas hasta doblarnos en los asientos. Mont Saint Michel. Las playas de Normandía. Las charlas. Los cafés de nuestra Nespresso. Un Gin Tonic en una mesa de camping bajo el avance de la caravana. 

 

El "bonjour" en perfecto francés de mi artista nada más despertarse. Las risas y más risas. Trélazé. Los recuerdos. La historia. Mi familia. Las vacaciones.



lunes, 2 de septiembre de 2013

Sello de Calidad: Solución Antiedad In&Out de Singular Derm

Mañana hace un mes que no me siento a escribir una entrada en el blog. Un mes de verano, un mes intenso, repleto de emociones, relax, diversión, anécdotas, etc. Hace mucho que un mes de agosto no me daba para tanto. Las pilas cargadas a tope. Así que llega septiembre y con ello el inicio del año. Nunca he entendido por qué se le da tanta importancia al mes de enero, cuando realmente el inicio de año es en septiembre, pero bueno, allá cada cual con sus teorías. Yo celebro este mes el inicio del año y punto.

En fin, que me lío y me lío con mis paranoias y se me olvida a lo que había venido yo hoy hasta aquí. El caso es que, contenta con la vez anterior, cuando desde Madresfera nos propusieron probar un nuevo producto cosmético, me lancé sin dudarlo. Esta vez, he tenido la inmensa suerte de probar la Solución Antiedad In&Out de SingularDerm. Producto que se puede describir con una palabra: GENIAL.

El formato es más que adecuado. Mi pobre botecito ha venido conmigo a la playa, al pueblito y hasta se ha recorrido Francia en autocaravana (de esta parte tengo tanto que comentar en el blog, que aun no tengo decidido cuántas entradas necesitaré).

La textura es muy agradable, seca bastante rápido y no deja esa sensación aceitosa que me resulta de lo más desagradable. El aroma de la crema no es lo más destacado de la misma, pero no siendo excepcional, bien es cierto que es un olor que no perdura.

En resumen, un resultado de lo más satisfactorio. Teniendo en cuenta la relación calidad/precio del tratamiento, no dudo que volveré a hacer uso de él en cuanto acabe con el que tengo actualmente. Y es que me veo "mejor cara" y no creo que tenga sólo que ver con el mes de agosto tan estupendo que he pasado, ya os lo confirmaré a lo largo del invierno.



Ayyy madre mía, utilizando ya cremas antiedad... y lo que es peor, observando resultados positivos... eso quiere decir que era ¡¡más que necesario!! Y es que todo llega y el tiempo pasa para todos, como me han comentado en el pueblo unas doscientas veces, que no se cansan de decir lo mismo.

No teniendo mucho más que decir por el momento, sólo me queda desearos a todos ¡¡feliz inicio de año!! Hasta pronto.

sábado, 3 de agosto de 2013

Se me independiza la niña.

No todo se les puede perdonar a los padres. Yo, mismamente, desde que mis padres se han convertido en abuelos, hay cosas que no les perdono. Paso por alto que de vez en cuando les falte empujarme, haciendo caso omiso a mi presencia, porque ahora lo más importante cuando nos vemos no soy yo, sino ella. Paso por alto su sordera selectiva ante mis imposiciones como madre y que ella consiga hacer lo que le de la gana con sus abuelos del alma. Incluso paso por alto esas caras de desacuerdo y achuchones posteriores a la pequeña (siempre a hurtadillas, para que yo no les vea), cuando me altero y vocifero a la artista, oyéndome todo aquel en un radio de kilómetro y medio.

Pero no puedo pasar por alto esto. Por ahí sí que no. Los abuelos están intentando que se me independice la niña. ¡Que no tiene aún cuatro años, por el amor de Dios! Pensad un poquito con la cabeza. Y el caso es que no se les ha ocurrido nada mejor que sorprender a su nieta con una espectacular casita de madera en lo alto de un árbol, que los abuelos tienen en el jardín de su casa.

La Casita de la Artista

 


 Por supuesto, ante semejante obra, no tengo nada que hacer. Ella tiene claro dónde quiere vivir y yo, ante semejante casa, no puedo competir porque, la verdad, es que dan ganas de quedarse allí a vivir. Además, la abuela la ha surtido bien con galletas, bollitos y otras exquisiteces, "para dar de merendar a sus amigas cuando las invite a su casa", dice ella.



 

En fin, la resignación es a lo único a lo que aferrarme. Si la niña quiere independizarse e irse a vivir al jardín de los abuelos, pues así será. Eso sí, que no intenten devolvérmela cuando tenga trece o catorce años. La adolescencia, también, en la casita del árbol.

viernes, 26 de julio de 2013

CINCO AÑOS.

Cinco Años. Los mejores de mi vida. Hace hoy cinco años de nuestra boda. Cinco años que han pasado deprisa, intensos, llenos de experiencias únicas. Cinco años que nos han descubierto que uno más uno no son dos, sino tres. Y que los mejores viajes estaban por venir.

 
Hace hoy cinco años estábamos disfrutando el uno del otro. Disfrutando de un día único, lleno de emociones, de risas, de alguna lágrima. Disfrutando de todos los que siempre han estado junto a nosotros. Sin saber que lo mejor estaba aún por venir.
 
 
Hoy hemos vuelto a aquel lugar en el que decidimos casarnos. Y hemos vuelto a hacer el camino que hicimos para darnos un sí para siempre. Pero hoy, entre nuestras manos, se entrelazaba la pequeña mano de nuestra hija. Y hoy, más que nunca, sé por qué decidí pasar el resto de mi vida contigo.


 

viernes, 12 de julio de 2013

FORMAR PARTE DE LA "GAFASFERA" ES UN PLACER.

El otro día leí una entrada en el blog de Begobolas que me hizo reír un buen rato. Ella y Remorada, son las socias fundadoras de la Gafasfera, el lugar de la red donde los gafotas, como yo, son bienvenidos. Lo siento por los que usan lentillas, creo que deberíais hablarlo con ellas pero, en un principio, la Gafasfera no es lugar para vosotros.

El caso es que Bego ilustraba muy claramente el truco de la doble gafa. Para los que no lleváis gafas y no sabéis de qué hablo, se resume en ponerse las gafas de sol sobre las gafas graduadas. Un acierto. Las gafas de sol graduadas son un rollo.



Y es que, llevar gafas es una experiencia que aporta numerosas situaciones maravillosas que, los que no tenéis el placer de llevarlas no podréis nunca compartir. Es una pena. Por ejemplo, en invierno, es emocionante entrar en cualquier lugar con calefacción y que los cristales se nublen hasta tener que necesitar agarrarte a alguien para que te guíe. Es emocionante porque no sabes cuándo te la vas a pegar. Por otro lado, te brinda la oportunidad de conocer gente nueva, gente que te ve perdida y solidarizándose te agarra para que no caigas escaleras abajo.

Otra situación maravillosa que la gente sin gafas no podrá nunca entender es aquella en la que te das cuenta de que el parabrisas de tu coche está relimpio y son los cristales de las gafas los que están llenos de guarrerismos. Te bajas del coche y sigues viendo igual. En ese momento descubres entusiasmado que no vas a tener que limpiar el coche. Una pasadita a los cristales de tus gafas y ves el mundo mucho más limpio. Una gozada. Un alivio.

Que sí, que hay cosas que no son tan divertidas, por ejemplo, meterte a bañar en la playa y al salir descubrir que no tienes ni pajolera idea de dónde has dejado tu toalla, ni bolsa, ni sombrilla, ni nada de nada... A veces, ni siquiera sabes si a lo mejor es que has ido nadando demasiado lejos y has salido en otra playa, distinta a la que estabas en un primer momento. Pero para todo tenemos soluciones en la Gafasfera. Sombrillas de los colores más llamativos posibles y solucionado. El que quiera problemas sin soluciones, que los busque en otro lado.


 En fin, existen muchas más situaciones ideales, pero las dejaré para otro post sobre el tema. Hasta entonces, sólo decir que, para mí, formar parte de la Gafasfera es un auténtico placer.

miércoles, 10 de julio de 2013

Manías y otros desvaríos.


Solo hace falta un segundo para darnos cuenta de que había algo que ignorábamos que fuera de tal manera y que, sin embargo, lleva acompañándonos toda la vida. A mi me ha pasado hace poco. Me he dado cuenta de que mi gusto por el orden llega a extremos insanos, que pueden afectar a mi artista en su crecimiento como persona feliz, alejada de manías innecesarias.


Bien es cierto que desde siempre he tenido mis manías. Pero vamos... cosas normales... cosas que le pasan a todo el mundo. Llegar a casa de mis padres e instintivamente abrir la nevera (aún sabiendo que no voy a coger nada), doblar el trapo de la cocina cada vez que lo uso en vez de dejarlo hecho un asquito en un rincón de la encimera (por si lo lees, sí, eres tú quien lo hace, a ti mismo me refiero) o hacer la cama por las mañanas con la ventana abierta, aunque sean las siete de la mañana de un gélido día de enero. Pero son cosas que no afectan a nadie, ni siquiera me había parado a pensar que lo hacía, hasta ahora mismo que he decidido escribir esta entrada.

Sin embargo, el orden me gusta hasta extremos preocupantes. Y esto sí que empieza a afectar al desarrollo normal de mi pequeña artista. Ella está forjando su personalidad y creo que no es necesario inculcarle mis pequeñas manías desde tan temprana edad. El caso es que hace un tiempo hemos conocido una cafetería restaurante muy cerca de donde vivimos que tiene una zona pequeña dedicada a los niños con colchonetas, un tobogán y agujeros varios por donde trepar y encasquillarse (me agobian un poquito estos sitios, la verdad). A ella, sin embargo, le gusta bastante y durante los meses de invierno, hemos ido en más de una ocasión (no sé si os acordáis, puede que el calor de los últimos días nos haya ayudado a olvidar, pero ha sido invierno hasta hace 15 días).

El caso es que uno de aquellos días, nos encontrábamos en la citada cafetería. Los peques estaban ya saltando, subiendo, bajando, trepando, gritando... agotando la energía en el parquecillo en cuestión. Trataba de encontrar a mi hija entre la marabunta de niños sudorosos y gritones, pero no, no estaba dentro. Sustillo en primer lugar, hay una puerta no muy lejos y hay que andar con mil ojos. Me acerco a la entrada y ¡zas! bofetón de realidad en toda la cara... antes de entrar a jugar con el resto de niños, mi pequeña estaba colocando los pares de zapatos que el resto de niños había dejado desperdigados por el suelo. "Esto es por mi culpa... Va a ser una maniática por mi culpa..." El sentimiento de culpa me invadió y mi instinto me llevó a pensar que la terapia de choque sería lo mejor para ella, para la dos. "¡¡Levanta cariño, entra a jugar con el resto de niños!! No te preocupes por los zapatos, ya recogerá cada uno los suyos" a la vez que daba un par de pataditas a los zapatos ya colocados por ella, con un nudo en la boca del estómago, por desordenar algo que estaba tan bien colocado. Me miró con esa cara de no entender nada que a  veces pone ella. Entró a jugar, convencida de que algún ser extraterrestre estaba poseyendo a su madre, pero sin preguntar más, por si acaso.


No sé si le sirvió de mucho la terapia o no. No sé. A mi sí. Me encuentro mucho mejor. Esta semana mi artista tiene la suerte de estar en la playa con los abuelos disfrutando como lo que es, como una enana. Y nosotros aquí, pasando una semana de novios, que de vez en cuando viene muy bien. Seguimos currando, pero tengo la intención de aprovechar para hacer muchas cosas por las tardes, que no hago cuando está ella porque no me da tiempo. Por ejemplo, ayer ordené la despensa y la cocina y hoy voy a ordenar su armario y descartar la ropa que ya no le valga. Por último, pediré cita con algún especialista en manías, que me ayude con lo mío.

viernes, 21 de junio de 2013

LOS PRÍNCIPES NO TIENEN NOMBRE. Descubrimientos que se hacen cuando sales de viaje.

Viajar en familia siempre me había parecido una gozada. Nunca he sido de esas adolescentes que renegaban de vacaciones familiares. Las he disfrutado y las sigo disfrutando, la verdad. Sin embargo, ahora ya no sólo me parecen una gozada. Ahora, salir de casa unos días con mi familia, aunque sean dos o tres días nada más, me parece terapéutico y absolutamente necesario.

Cuando nació mi artista, plantearme salir un fin de semana me parecía una tortura china. No entendía cómo un ser tan pequeño acarreaba tanto equipaje. Ya por mí misma, soy exagerada con este tema. Sin embargo, con el nacimiento de mi hija, al igual que el colesterol, la necesidad de viajar con la casa a cuestas se incrementó hasta el infinito y más allá. Menos mal que el tiempo pasa y unos meses (en mi caso casi dos años) después del parto, las hormonas dejan de jugarte malas pasadas y vuelves a ser casi normal. Normal del todo no, porque la revolución de la maternidad y todo lo que conlleva, no nos permitirá nunca volver a ser lo que éramos. Pocas madres cabales conozco y las que lo parecen, estoy segura que están fingiendo. En fin, a lo que iba, que llega un momento en el que empiezas a entender que puedes salir de casa sin pañales (porque ya no los usa), ni chupete (tampoco), ni puré, ni potitos, ni camisas de batista, ni el calientabiberones para el coche porque, aunque sea pleno agosto, puedes quedarte atrapada en una tormenta de nieve y algo calentito tendrá que tomar la criatura...

El caso es que crecen y... ¡qué comodidad! Ahora sí se puede. Una maleta con lo necesario (un poco más, por el "por si acaso") y ¡¡allá vamos!!

El fin de semana pasado estuvimos en Disneyland París con la peque. Increíble. De verdad. Superando todas mis expectativas y sobre todo, las suyas. Un regalo fantástico de los abuelos, mis padres, que saben cómo hacerme más feliz que un regaliz.



Las princesas monísimas de la muerte, unas princesas de verdad y no esas que salen en el Hola. Con su sonrisa perpetua, sus vestidos de cuento, sus tiaras, su perfecto francés-inglés-español-chino y yo que sé cuántas lenguas más, para hablar con todos los pequeños que se les acercaban a dar palique. Vamos, unas princesas como Dios manda. Y las niñas, con sus vestidos por el hotel, por el parque, para comer, cenar, para dormir... si dejo yo a mi artista a su libre albedrío, se mete en la bañera con el vestido.



Mickey, Minnie, Pluto, Donald y un larguísimo etcétera que no hablan pero que ¡ni falta que les hace! Simpáticos con los chavales, firmando autógrafos por doquier. Un no parar. Y es que sí, firman autógrafos. Y muchos. Perpleja y ojiplática me quedé cuando vi la maestría con la que son capaces de agarrar el cuaderno y el boli con semejantes guantes y plasmar un pedazo de firma de las chulas, con sonrisas, corazones y lo que haga falta.





Las princesas también firman y con una caligrafía espectacular. Penita me dan un poco los príncipes que las acompañan. Son unos don nadie. Por no tener, no tienen ni nombre. Mi hija se acercó a Blancanieves para paliquear un rato de princesa a princesa y después de charla, achuchón y besazo principesco, el príncipe que la acompañaba, se acercó y le dijo a mi pequeña "¿Te firmo en tu cuaderno?". Hasta a ella le dio ternurita el pobre muchacho y le dijo con tono de madre condescendiente: "Vaaale, firma si quieres". Cuando el chico se alejaba, me preguntó mi hija: "¿Qué ha puesto?". "Su nombre". "¿Y cómo se llama?". "Sólo ha puesto Príncipe". "Pobre, no tiene nombre...".



Nota a los abuelos de la Artista: GRACIAS, cuando queráis, ¡¡otra vez!!

martes, 18 de junio de 2013

A CUIDARSE UN POQUITO TOCA. SELLO DE CALIDAD MADRESFERA "SKIN METHOD".

Todas las que hemos sido madres sabemos que una vez nacido el retoño en cuestión, los mimos, atenciones, cuidados y un larguísimo etcétera de cosas ricas pasan a ser de su propiedad, indiscutiblemente. Pero no sólo las del personal ajeno, sino que los padres y sobre todo las madres nos dejamos la piel en mimos, atenciones y cuidados para nuestros pequeños, desatendiendo los nuestros propios en muchos casos.

Si no lo creéis, haced memoria y pensad en la cantidad de veces que habéis salido de casa con la intención de renovar un poquito el fondo de armario y al volver a casa os dais cuenta de que no habéis comprado absolutamente nada para vosotras y sin embargo, en las ocho o nueve bolsas con las que habéis cargado existe un amplio surtido de TODO para nuestros críos. En algunos casos, cosas tan absolutamente necesarias como esa ropa preciosa que hay que lavar a mano. Claro... ¡Cómo no! Con la cantidad de tiempo del que disponemos las madres, lo mejor es encima echarnos curro a las espaldas y recrearnos en la bonita labor de sacar manchas de zumo de naranja a mano.

En fin, lo que pretendía con mi entrada de hoy era informar a madres prácticas (como yo) y con poco tiempo (como todas), de un producto genial que he tenido la suerte de poder probar y del que quiero daros mi opinión. Porque, a pesar de que somos madres y es una gozada encargarnos de los cuidados de nuestros peques, no es menos gozada cuidarnos un poquito y de vez en cuando probar en nuestras carnes (y nunca mejor dicho) el placer de dedicarse unos minutillos al día. 



Se trata de un producto de Skin Method para el Cuidado Reafirmante Corporal.



No sé si es la combinación de activos, la producción de colágeno o que será, pero lo que es indiscutible es que muy poquito tiempo después de empezar a aplicarse dicho producto, la piel empieza a parecer más firme y con mayor elasticidad. Me han pedido que puntue los siguientes aspectos del uno al cinco, siendo el cinco el más positivo, así que... ¡qué comiencen las votaciones!

Resultados (firmeza y elasticidad): 5, sin dudarlo.

Formato adecuado para su uso: 4, está bastante bien, es suficientemente grande sin resultar aparatoso.

Aroma: 3, en este aspecto soy algo exagerada y no me suelen gustar los aromas de muchas cremas. En este caso, el aroma tiene un toque muy fresco, ideal para el verano.

Textura: 4, genial. Se absorbe rápido, así que muy útil para madres que no pueden estar esperando que se absorba la crema para vestirse.

Relación calidad/precio: 4, viendo los resultados ofrecidos, el precio está más que justificado.

Y en cuanto a este último aspecto, no me puedo olvidar de citar que en Skin Method están de promoción. Hace poquito tiempo que tenemos la suerte de poder comprar sus productos a través de su tienda on-line, a través de la cual nos podemos beneficiar de un 20% de descuento en sus productos añadiendo el código promocional MADRESFERA.



¡Ea! ¡Pues ya está! Más fácil no nos lo pueden poner. A cuidarse toca.

lunes, 10 de junio de 2013

Para ser original, hablemos un poquito más del I Encuentro de Madres Blogueras.

Para aumentar la afluencia de visitantes al blog se debe publicar un 30% más que los blogs de tu nicho de acción y además se debe ser original. Hay que diferenciarse. Por ello, yo me he lanzado y voy a publicar hoy lunes, después de varios días sin publicar. Y además voy a relacionar mi entrada de hoy con el I Encuentro de Madres Blogueras que organizaron el pasado sábado 8 de junio Madresfera y Yodona.

Constante en mis publicaciones y original, sí señor. Soy una intrépida, lo sé. No aprendo ni tomando notas cual alma que lleva el diablo. Pero es lo que hay.

Se ha hablado y me consta que se va a hablar mucho más del evento en sí, así que creo totalmente innecesario volver a comentar nada sobre las ponencias, looks ochojoteros, charlas, descubrimientos de madres estupendas, de padres estupendos también, etc. Creo que ya hay mucha literaura sobre todo ello y además, literatura de la buena. Me lo salto.

De lo que sí quiero hablar es de la sensación tan bonita que me llevo del encuentro. La sensación de que existen tantas visiones diferentes de la maternidad  y paternidad como madres y padres existen. La sensación de que es precisamente cada una de esas visiones las que nos llevan a plasmar tan diferentes opiniones acerca de la crianza de nuestros pequeños. Y la sensación de respeto hacia esas diferentes visiones y opiniones. Porque más allá de las marcas y de nuestra relación con ellas, del posicionamiento del blog, del SEO, de la usabilidad y del blog perfecto, está la relación con nuestros hijos y nuestra necesidad de compartir con otras madres y padres las experiencias que la maternidad y paternidad nos han hecho vivir.

Mil gracias a Madresfera por un proyecto tan bonito y por ser una plataforma que nos permita ponernos en contacto con madres y padres con las mismas inquietudes que nosotros. Y mil gracias a todas las madres y los poquitos padres que tienen la generosidad de compartir las experiencias con sus hijos y mostrar las miles de maneras que existen de enfrentarse a la revolución que supone la llegada de un hijo a nuestras vidas.

Un placer haberos conocido y haber compartido con todos vosotros una estupenda jornada de sábado.


jueves, 6 de junio de 2013

Ya no tengo un bebé y sigo teniendo que escuchar consejos. ¿Por qué?

Cuando eres madre por primera vez, todo el mundo se cree con derecho a darte consejos. De todo tipo. Y me he preguntado muchas veces por qué, pero no encuentro respuesta. Lo peor en esto de los consejos durante la maternidad es que no se reducen a los primeros meses del bebé, sino que perduran a lo laaaargo de los años.

Hace poco Oquídea Dichosa plasmaba en su blog con gran acierto los primeros consejos que recibió como madre primeriza. Me permitiré a continuación, plasmar algunos de los peores consejos que he recibido o que alguna otra madre me ha contado, con cara de pasmo, ahora que ya no tenemos bebés.

"Déjala, tiene que aprender, no es bueno protegerles tanto." Escuchado cuando me disponía a salvar a mi hija de una caída segura desde un columpio del parque. No sabía yo que abrirse la cabeza y desollarse las rodillas fuera tan necesario. Por supuesto que se caerá y muchísimas veces pero, mire amigo mío, las que pueda evitar lamadrequelaparió que soy yo, las evitaré.



"Debería comer más, eso es poco para ella" o su versión antagónica "Madre mía, le va a sentar mal, que no coma tanto". Vamos a ver, vamos a ver... ¿qué no tiene derecho la criatura a comer lo que le de la gana? No está desnutrida, tampoco obesa, come de todo... ¿tendrá derecho a tener más o menos apetito según el día? Pues no. Hay personas empeñadas en que coma según el apetito que a ellos les parece que pueda tener.



Otro gran consejo, escuchado hace muy poquito. "¿Para qué vais a pagar la excursión a la granja que ha organizado el cole si no se enteran de nada? Son muy pequeños..." Pues mire señora mía (en este caso era mujer quien me lo decía), puede que su churumbel no se entere de nada pero la mía, que es muy lista por cierto, sabrá sacar las conclusiones oportunas de la visita en cuestión. Por su puesto, no creo que en una excursión a la granja con el cole aprendan mucho acerca del ciclo de ordeño necesario que lleva una empresa dedicada al sector primario o el precio al que deben poner el litro de leche con el fin de ser una empresa competente en los tiempos que corren. Sin embargo, estoy segura de que la excursión en sí, sea a donde sea, aportará más conocimientos que muchas otras actividades que realizan todos los días.



Y no podía más que finalizar con el consejo por excelencia. Aquel que tengo la suerte de escuchar todos los días de la boca del padre de la Artista. "No le llenes tanto el vaso de agua, que se lo va a tirar encima". Genial. Pues te levantas tú del sofá cuando pida agua, le llenas el vaso hasta el punto exacto que conocéis tú y la Artista y yo, que no tengo habilidad para esos menesteres, me quedo aquí tan pancha. Arreglado.



Ayy madre, consejos vendo que para mí no tengo.



sábado, 1 de junio de 2013

"¿UN PARTO RESPETADO?" Lo que contaría mi abuela, si tuviera un blog.

Mi abuela es una persona especial. Tiene unos cuantos años y casi los mismos achaques que años. Sin embargo, nada le impide estar totalmente actualizada en cuanto a tecnología se refiere.

Hace unos cuantos años se apuntó con una amiga a “aprender cómo funciona el ordenador y el internet ese”. Le costó aprender a controlar el ratón. Ahora se comunica con su hermana vía email y desde facebook nos tiene a todos controlados.

El único inconveniente que encuentro al tema es que desde entonces ya no podemos tener discusiones en casa como dios manda. Ella no discute, no alza la voz. Y es que no sé en otras casas, pero en la mía, generalmente el que más grita más razón tiene.  Ella ya no tiene por qué unirse al gallinero en el que nos convertimos. Ella, en silencio, se conecta, busca en Google y la verdad aparece ante ella. Ante eso, no hay nada que hacer. Es “palabra de internet”.

Lo único que le queda por hacer es empezar a escribir un blog. Si lo hiciera, escribiría sobre su vida y su vida son sus cuatro hijos, por lo que no me extrañaría que formara parte de los mil y pico blogs dados de alta en Madresfera. Mientras se decide a tener el suyo propio, desde el mío y entre las dos escribiremos de vez en cuando esas historias sobre la maternidad a mediados del siglo pasado.

“UN PARTO RESPETADO”

Le pregunto si su primer parto, en el que dio a luz a mi madre, fue un parto respetado. ”¿Respetado? Bueno… La comadrona vino a casa sobre las doce de la noche, después de que fueran a buscarla porque me empecé a encontrar indispuesta. Llegó, me miró y vio que efectivamente estaba de parto, pero me dijo que iba para largo. Todos se fueron a la cama y la comadrona, una buenaza pero más bruta que unarao”, se acostó en la cama que tenía a mi lado y se durmió. Se despertaba de vez en cuando, me miraba y se volvía a dormir. Aguanté los dolores hasta las ocho de la mañana que di a luz a tu madre. La verdad que dormirse mientras estaba yo con semejantes dolores, no me parece muy respetuoso”.  No me refería a ese tipo de respeto pero, efectivamente, muy respetuoso dormirse en dicha situación no me parece.

“La niña era hermosísima (con eso se refiere a rolliza), morena y con los ojos verdes”. Pues porque sabemos que dio a luz en casa y que el intercambio de bebés era imposible, si no todos pensaríamos que aquella niña de ojos verdes no es la que actualmente es mi madre.

“Y ahí empezó todo, con ella comenzaron mis años como madre, los mejores de los mejores. Y hasta ahora. Porque da igual la edad que tengan tus hijos, se es madre para siempre”. Sin nada más que añadir, “palabra de mi amona”.


lunes, 27 de mayo de 2013

TARDES DIFERENTES: DE MERENDOLA EN EL LEMBRANZA.

El pasado viernes disfrutamos de una tarde la mar de divertida y es que no hay nada como encontrar un sitio chulo para pasar un ratito con los peques y aprender a disfrutar tanto como ellos. En Las Rozas (Madrid) hay uno de esos sitios: El Lembranza.

Lo mejor no es su estupenda terraza, sus menús anticrisis o su ricos y seleccionados vinos. Lo mejor, sin duda, son las estupendas personas que forman el Lembranza.

Hace más o menos un añito que Silvia se embarcó en esta aventura y no podemos más que darle las gracias por ello, porque hemos encontrado un lugar estupendo para pasar unos ratitos mágicos.

Lo último que nos ha dejado organizar ha sido una merienda de lujo para unos de los clientes más distinguidos del Lembranza, nuestros niños. Decoramos cupcakes, nos pintamos las caras, corrimos, merendamos, bailamos, en fin, pasamos una tarde divertida al máximo.









Esperamos, por supuesto, que se vuelva a repetir una merendola tan estupenda y desde aquí, queremos dar las gracias a nuestras lembranceras por tratarnos siempre tan bien y por hacernos sentir como en casa.