viernes, 26 de julio de 2013

CINCO AÑOS.

Cinco Años. Los mejores de mi vida. Hace hoy cinco años de nuestra boda. Cinco años que han pasado deprisa, intensos, llenos de experiencias únicas. Cinco años que nos han descubierto que uno más uno no son dos, sino tres. Y que los mejores viajes estaban por venir.

 
Hace hoy cinco años estábamos disfrutando el uno del otro. Disfrutando de un día único, lleno de emociones, de risas, de alguna lágrima. Disfrutando de todos los que siempre han estado junto a nosotros. Sin saber que lo mejor estaba aún por venir.
 
 
Hoy hemos vuelto a aquel lugar en el que decidimos casarnos. Y hemos vuelto a hacer el camino que hicimos para darnos un sí para siempre. Pero hoy, entre nuestras manos, se entrelazaba la pequeña mano de nuestra hija. Y hoy, más que nunca, sé por qué decidí pasar el resto de mi vida contigo.


 

viernes, 12 de julio de 2013

FORMAR PARTE DE LA "GAFASFERA" ES UN PLACER.

El otro día leí una entrada en el blog de Begobolas que me hizo reír un buen rato. Ella y Remorada, son las socias fundadoras de la Gafasfera, el lugar de la red donde los gafotas, como yo, son bienvenidos. Lo siento por los que usan lentillas, creo que deberíais hablarlo con ellas pero, en un principio, la Gafasfera no es lugar para vosotros.

El caso es que Bego ilustraba muy claramente el truco de la doble gafa. Para los que no lleváis gafas y no sabéis de qué hablo, se resume en ponerse las gafas de sol sobre las gafas graduadas. Un acierto. Las gafas de sol graduadas son un rollo.



Y es que, llevar gafas es una experiencia que aporta numerosas situaciones maravillosas que, los que no tenéis el placer de llevarlas no podréis nunca compartir. Es una pena. Por ejemplo, en invierno, es emocionante entrar en cualquier lugar con calefacción y que los cristales se nublen hasta tener que necesitar agarrarte a alguien para que te guíe. Es emocionante porque no sabes cuándo te la vas a pegar. Por otro lado, te brinda la oportunidad de conocer gente nueva, gente que te ve perdida y solidarizándose te agarra para que no caigas escaleras abajo.

Otra situación maravillosa que la gente sin gafas no podrá nunca entender es aquella en la que te das cuenta de que el parabrisas de tu coche está relimpio y son los cristales de las gafas los que están llenos de guarrerismos. Te bajas del coche y sigues viendo igual. En ese momento descubres entusiasmado que no vas a tener que limpiar el coche. Una pasadita a los cristales de tus gafas y ves el mundo mucho más limpio. Una gozada. Un alivio.

Que sí, que hay cosas que no son tan divertidas, por ejemplo, meterte a bañar en la playa y al salir descubrir que no tienes ni pajolera idea de dónde has dejado tu toalla, ni bolsa, ni sombrilla, ni nada de nada... A veces, ni siquiera sabes si a lo mejor es que has ido nadando demasiado lejos y has salido en otra playa, distinta a la que estabas en un primer momento. Pero para todo tenemos soluciones en la Gafasfera. Sombrillas de los colores más llamativos posibles y solucionado. El que quiera problemas sin soluciones, que los busque en otro lado.


 En fin, existen muchas más situaciones ideales, pero las dejaré para otro post sobre el tema. Hasta entonces, sólo decir que, para mí, formar parte de la Gafasfera es un auténtico placer.

miércoles, 10 de julio de 2013

Manías y otros desvaríos.


Solo hace falta un segundo para darnos cuenta de que había algo que ignorábamos que fuera de tal manera y que, sin embargo, lleva acompañándonos toda la vida. A mi me ha pasado hace poco. Me he dado cuenta de que mi gusto por el orden llega a extremos insanos, que pueden afectar a mi artista en su crecimiento como persona feliz, alejada de manías innecesarias.


Bien es cierto que desde siempre he tenido mis manías. Pero vamos... cosas normales... cosas que le pasan a todo el mundo. Llegar a casa de mis padres e instintivamente abrir la nevera (aún sabiendo que no voy a coger nada), doblar el trapo de la cocina cada vez que lo uso en vez de dejarlo hecho un asquito en un rincón de la encimera (por si lo lees, sí, eres tú quien lo hace, a ti mismo me refiero) o hacer la cama por las mañanas con la ventana abierta, aunque sean las siete de la mañana de un gélido día de enero. Pero son cosas que no afectan a nadie, ni siquiera me había parado a pensar que lo hacía, hasta ahora mismo que he decidido escribir esta entrada.

Sin embargo, el orden me gusta hasta extremos preocupantes. Y esto sí que empieza a afectar al desarrollo normal de mi pequeña artista. Ella está forjando su personalidad y creo que no es necesario inculcarle mis pequeñas manías desde tan temprana edad. El caso es que hace un tiempo hemos conocido una cafetería restaurante muy cerca de donde vivimos que tiene una zona pequeña dedicada a los niños con colchonetas, un tobogán y agujeros varios por donde trepar y encasquillarse (me agobian un poquito estos sitios, la verdad). A ella, sin embargo, le gusta bastante y durante los meses de invierno, hemos ido en más de una ocasión (no sé si os acordáis, puede que el calor de los últimos días nos haya ayudado a olvidar, pero ha sido invierno hasta hace 15 días).

El caso es que uno de aquellos días, nos encontrábamos en la citada cafetería. Los peques estaban ya saltando, subiendo, bajando, trepando, gritando... agotando la energía en el parquecillo en cuestión. Trataba de encontrar a mi hija entre la marabunta de niños sudorosos y gritones, pero no, no estaba dentro. Sustillo en primer lugar, hay una puerta no muy lejos y hay que andar con mil ojos. Me acerco a la entrada y ¡zas! bofetón de realidad en toda la cara... antes de entrar a jugar con el resto de niños, mi pequeña estaba colocando los pares de zapatos que el resto de niños había dejado desperdigados por el suelo. "Esto es por mi culpa... Va a ser una maniática por mi culpa..." El sentimiento de culpa me invadió y mi instinto me llevó a pensar que la terapia de choque sería lo mejor para ella, para la dos. "¡¡Levanta cariño, entra a jugar con el resto de niños!! No te preocupes por los zapatos, ya recogerá cada uno los suyos" a la vez que daba un par de pataditas a los zapatos ya colocados por ella, con un nudo en la boca del estómago, por desordenar algo que estaba tan bien colocado. Me miró con esa cara de no entender nada que a  veces pone ella. Entró a jugar, convencida de que algún ser extraterrestre estaba poseyendo a su madre, pero sin preguntar más, por si acaso.


No sé si le sirvió de mucho la terapia o no. No sé. A mi sí. Me encuentro mucho mejor. Esta semana mi artista tiene la suerte de estar en la playa con los abuelos disfrutando como lo que es, como una enana. Y nosotros aquí, pasando una semana de novios, que de vez en cuando viene muy bien. Seguimos currando, pero tengo la intención de aprovechar para hacer muchas cosas por las tardes, que no hago cuando está ella porque no me da tiempo. Por ejemplo, ayer ordené la despensa y la cocina y hoy voy a ordenar su armario y descartar la ropa que ya no le valga. Por último, pediré cita con algún especialista en manías, que me ayude con lo mío.