viernes, 13 de septiembre de 2013

"A mí no me gusta la sopa, pero..."


Desde que nacemos, hay personas que están a nuestro lado siempre. Personas que sin ser quienes nos han concebido, actúan como si lo fueran. Que se alegran de nuestras alegrías, nos acompañan durante nuestras penas, que nos limpian las heridas de las rodillas cuando caemos e incluso nos abroncan cuando nos lo merecemos. Yo tengo la enorme suerte de tener a mi lado, desde que nací, un buen puñado de personas así sin las cuales mi vida, sobre todo mi infancia, hubieran sido radicalmente diferentes.

A mi no me gustaba la sopa, pero... ella conseguía que me la comiera. Nadie me ha lavado el pelo con tanta paciencia y tanto cariño. Ninguna voz suena tan bonita como la suya cuando canta y nadie ha compuesto una canción tan especial como "Bahía Naiara". El día de mi boda estuvo a mi lado, a pesar de TODO. Y el día que dí a luz a mi Naiara, también. Compartiendo conmigo los grandes momentos de mi vida, con la misma alegría. Una alegría que con todo el derecho del mundo hubiera podido dejar a un lado pero que no, que sigue acompañándola siempre.

Y es que mi tía Rosi es una de esas personas de las que hablaba al principio. De las que están en todos los recuerdos de mi infancia. Y de las que estarán en todos los que vengan. También en los de mi hija porque, es aun pequeña y algunos de esos recuerdos se le escaparán, pero nos reiremos igual cuando le cuente la tabarra que nos dio con el dedito y el "Juan Pequeño Baila" que le había enseñado su tía Rosi. Y lloraremos de emoción cuando oigamos su canción, la que le regaló por su primer cumpleaños y que creo que será difícil de superar, por muchos años que cumpla. Una "Lluvia de besos" en la que consiguió que participaran todos.

Yo quiero que mi hija tenga recuerdos así y que un día se dé cuenta de que esas personas que la han cuidado desde que ha nacido, que comparten con ella sus alegrías, sus logros y la ayudan a levantarse cuando tropieza, son casi igual de importantes que sus propios padres. Estoy segura que lo sabrá.
 

"Esta entrada la he hecho porque ya estás "rebuena", porque quería darte las gracias por haberme acompañado cuando tu cuerpo te pedía otra cosa, por querer a mi hija tanto como a mí y por demostrárselo siempre y, sobre todo, porque me apetecía y yo casi siempre hago lo que me da la gana. ¡Un beso enorme tita!"

jueves, 5 de septiembre de 2013

LAS AUTOCARAVANAS NO SON PARA EL VERANO.


No son para el verano, ni mucho menos para las estaciones intermedias y no hablemos ya del invierno. Hay mucha gente que estará totalmente en desacuerdo pero, por lo que a mí respecta, una semana ha sido tiempo suficiente para darme cuenta de que una autocaravana tienes sus pros pero, sobre todo, tiene sus contras. Preparando el viaje, solo leíamos foros de gente "profesional" en lo que respecta a esta forma de viajar, en los que cuentan lo fácil y sencillo que es todo el tema éste de viajar cual caracol, col, col... ¡Ja! Me parto.


Si le preguntamos a mi artista, su opinión es totalmente contraria a la mía, claro... ¡faltaría más! Ella ha viajado feliz. Espacios amplios que ocupar con sus múltiples e indispensables artículos de viaje: sus tres hijos (contando con ellos éramos ocho durmiendo en menos de 20 metros cuadrados), su DVD portátil (con el disco y videoclips de Violetta, que terminamos todos cantando a la perfección), su mochila, sus revistas, sus pinturas, su peluche "ballena rosa" y un largo etcétera que prefiero no recordar. Y como llevas la casa a cuestas, pues un bocadillo de chorizo a media mañana en Las Landas, un pis en Saint-Malo y un zumito en Normandía. Tranquilamente. Y cómodamente, echando las cabezadas necesarias entre destino y destino. Sin ningún problema.

Tres mil cuatrocientos kilómetros en seis días. Y con la casa a cuestas. Visto con la perspectiva con la que lo vemos ahora, unos días después de regresar y de haber sentido las lágrimas brotar al primer contacto con nuestra añorada cama, lo seguimos viendo igual que entonces, una matada de tres pares.

Y es que han sido seis noches. Qué romántico se ve el tema, cuando no estás dentro del habitáculo. Piensas: "Mírales, ¡qué bien! Y mañana se despiertan, desayunan y se van a otro destino precioso, sin hacer y deshacer maletas" ¡Ja! (me parto, otra vez). ¿Te despiertas? Sí, claro, el que haya dormido que se despierte y el que no, pues que vea amanecer, que también tiene su aquel.

Y te vas a otro lugar, sí. Pero no sin antes cerrar las mil llaves que llevan todos los maleteros externos y volver a abrirlos porque algo se nos ha olvidado meter o sacar. Y no nos vamos sin antes vaciar la caravana de aguas grises y negras (por respeto al personal, no voy a dar más datos sobre este tipo de aguas. Si alguien lo ha vivido, sabe de lo que hablo. El que haya tenido la suerte de no tener que experimentarlo, pues mejor que no se imagine nada.).

Luego saca de la maleta la ropa que decides ponerte y vístete, antes de irte. Parece fácil pero, hay que sacar la ropa de una maleta encajonada entre otros múltiples y utilísimos artilugios de viaje que pueblan la caravana y hay que vestirse con el tambaleo de la autocaravana. El mareo... ¡qué gran compañero del autocaravanista! Y es que cuando viajas en coche, llegas al destino cansado, pero te bajas y pisas suelo firme. Listo. En autocaravana, todo lo que haces implica un sentimiento de volteo de estómago constante.

Este mundo del autocaravanismo no está hecho para mí, es así. Y sin embargo, otras cosas de esta semana sí lo han estado.
 

Las inmensas playas de Las Landas, sus olas, el infinito de sus paisajes, los pinares. Los mejillones en Saint-Malo, los macarons de Chef Hector, el viento y los cielos grises. 
 
 
Las guías, los mapas, las indicaciones de la tablet. Las risas y carcajadas hasta doblarnos en los asientos. Mont Saint Michel. Las playas de Normandía. Las charlas. Los cafés de nuestra Nespresso. Un Gin Tonic en una mesa de camping bajo el avance de la caravana. 

 

El "bonjour" en perfecto francés de mi artista nada más despertarse. Las risas y más risas. Trélazé. Los recuerdos. La historia. Mi familia. Las vacaciones.



lunes, 2 de septiembre de 2013

Sello de Calidad: Solución Antiedad In&Out de Singular Derm

Mañana hace un mes que no me siento a escribir una entrada en el blog. Un mes de verano, un mes intenso, repleto de emociones, relax, diversión, anécdotas, etc. Hace mucho que un mes de agosto no me daba para tanto. Las pilas cargadas a tope. Así que llega septiembre y con ello el inicio del año. Nunca he entendido por qué se le da tanta importancia al mes de enero, cuando realmente el inicio de año es en septiembre, pero bueno, allá cada cual con sus teorías. Yo celebro este mes el inicio del año y punto.

En fin, que me lío y me lío con mis paranoias y se me olvida a lo que había venido yo hoy hasta aquí. El caso es que, contenta con la vez anterior, cuando desde Madresfera nos propusieron probar un nuevo producto cosmético, me lancé sin dudarlo. Esta vez, he tenido la inmensa suerte de probar la Solución Antiedad In&Out de SingularDerm. Producto que se puede describir con una palabra: GENIAL.

El formato es más que adecuado. Mi pobre botecito ha venido conmigo a la playa, al pueblito y hasta se ha recorrido Francia en autocaravana (de esta parte tengo tanto que comentar en el blog, que aun no tengo decidido cuántas entradas necesitaré).

La textura es muy agradable, seca bastante rápido y no deja esa sensación aceitosa que me resulta de lo más desagradable. El aroma de la crema no es lo más destacado de la misma, pero no siendo excepcional, bien es cierto que es un olor que no perdura.

En resumen, un resultado de lo más satisfactorio. Teniendo en cuenta la relación calidad/precio del tratamiento, no dudo que volveré a hacer uso de él en cuanto acabe con el que tengo actualmente. Y es que me veo "mejor cara" y no creo que tenga sólo que ver con el mes de agosto tan estupendo que he pasado, ya os lo confirmaré a lo largo del invierno.



Ayyy madre mía, utilizando ya cremas antiedad... y lo que es peor, observando resultados positivos... eso quiere decir que era ¡¡más que necesario!! Y es que todo llega y el tiempo pasa para todos, como me han comentado en el pueblo unas doscientas veces, que no se cansan de decir lo mismo.

No teniendo mucho más que decir por el momento, sólo me queda desearos a todos ¡¡feliz inicio de año!! Hasta pronto.