viernes, 20 de diciembre de 2013

DOS MESES QUE HAN DADO PARA MUCHO.


Casi dos meses sin escribir. Y dos meses intensos, ¿eh? Que no ha sido por apatía o por desgana, sino por falta de tiempo. Múltiples actividades nos acechan a la vuelta de cada esquina y ahí estamos el padre de la artista, la susodicha y una servidora, que nos apuntamos a todas. Ni una nos dejamos.

Tentada estuve de escribir sobre alguna de aquellas. Y es que nos ha dado tiempo a muchas y muy interesantes actividades. Hemos celebrado "Acción de Gracias" en Elda, pasando más frío que si estuviéramos celebrándolo en el estado de Wyoming, pero degustando una de las cenas más exquisitas que he probado nunca y en compañía de una gente estupenda. También nos ha dado tiempo de que la pequeña artista acudiera al primer concierto de su vida, en compañía de la santa abuela. Y digo bien, SANTA abuela con mayúsculas, porque aguantar a Violetta durante más de cinco minutos es para beatificación inmediata. A lo mejor me arrepiento y cuando dentro de unos años le empiecen a gustar grupos cuyo nombre me sea casi imposible de pronunciar, igual recuerdo con cariño las melodías de esa niña con estilismos indescriptibles, que mi hija ya trata de imitar. Ya veremos.

 
También me hubiera gustado hacer una pequeña entrada sobre el montaje del Belén. Ese momento tradicional, ese Nacimiento con sus respectivos pastorcillos, lavanderas, animalillos etc. se ha convertido en nuestra casa en una Rave Party de lo más variopinta. Animales comunes y otros no tanto, se lo pasan de escándalo con un par de barbies y un oso vestido de Papá Noel con espumillón rodeándole el cuello al más puro estilo los últimos que quedan en una cena de empresa, dándolo todo en la pista de baile. A falta de estrella luminosa que guíe a los Reyes Magos, en nuestro Nacimiento se nos ha colado un imán de los que traemos de nuestras escapadas. Con forma de estrella, eso sí. Una estrella del paseo de la fama de Hollywood, acompaña este año al pequeño niño recién nacido en un "portal" (por llamarlo de alguna manera). 


En fin, que no venía yo a hablar de nada de esto, sino de la escapada tan estupenda que nos hemos pegado y de lo maravillosamente bien que sientan cuatro días de turisteo absoluto en una ciudad tan interesante como Bruselas. Lo que empezó siendo un regalo para los abuelos, para que pasaran unos días de relax y disfrutaran de la magia de los días previos a la Navidad en una ciudad europea, terminó siendo una escapada en jauría, que es lo que parecemos. Y es que no sabemos vivir los unos sin los otros. Es así, qué le vamos a hacer. Así que preparamos todo y allá que nos fuimos, abrigados como si nos fuéramos a Elda de nuevo, preparados para disfrutar de los mercadillos navideños, del vino caliente, de los macarons y los gofres, de Brujas y sus canales, de la Gran Plaza, del chocolate, de las cervezas y los mejillones, del niño meón y un larguísimo etcétera. Una ciudad que, si por algo nos ha sorprendido, es por la simpatía y amabilidad de sus gentes. Una ciudad para volver y para disfrutar desde los mil puntos de vista que ofrece, con una agenda cultural envidiable. 


Así que, como nos ha gustado esta escapada familiar, a partir de este año vamos a hacer lo posible por ahorrar un poquito durante los meses que restan hasta el próximo diciembre y escaparnos a algún otro lugar para disfrutar de unos días llenos de magia, ¿alguna sugerencia?